Venus en los cuatro elementos

Escribí el siguiente texto para la fiesta de fin de año 2008, dedicada a Venus.

Las mujeres son: intensas, sinuosas, sensuales, fragantes, ondulantes, prometedoras, dispuestas, seductoras y, por sobre todas las cosas ¡siempre bellas!

Sacerdotisas, hetairas, cálices vivientes que invitan al hombre a acercarse, de maneras diferentes

VENUS EN FUEGO: Afroditas de Fuego, sacerdotisas de la pasión. Se acercan ya. Al son de la osadía de sus tambores, el sopor despierta alucinado. Manos de seda ardiente, que arrebatan el corazón del amante. Sus cálices de Fuego chisporrotean. Se lanzan, salvajemente indomables, abiertas y desafiantes, sobre la presa deseante. Majestuosas y deslumbrantes, no hay cepo que las contenga, ni varón que las posea. Cuando ellas llegan, Musas atemporales, se deben beber de un sorbo; ellas traen soles más alláde los soles, y rebelan el ardor de la recóndita esencia femenina. Su toque marca el alma como un hierro candente; y allí donde se escuche su llamado, el frenético instante se convertiráen la búsqueda de eternos ideales.

VENUS EN TIERRA: Afroditas de Tierra, sacerdotisas de la inagotable voluptuosidad de la carne. En sus manos de seda, especiadas y fragantes, sostienen sus cálices rebosantes de sensualidad, que derramarán sólo sobre aquellos que, pacientemente, sepan esperarlas. No se apuran de un sorbo, se paladean lentamente. Prudentes y ocultas, despiertan de a poco, al son de las caricias del orfebre que las pulse como a las cuerdas de un arpa. Son de barro y arcilla, mágicas hetairas, que modelan al hombre al ser modeladas. Allí donde se escuche su llamado, esculpirán el placer con memorias remotas, que permanecen cuidadosamente guardadas en las vasijas del alma.

VENUS EN AIRE: Afroditas de Aire, sacerdotisas de las etéreas armonías. Nacen en el umbral de la inocencia. Ya se acercan en la textura de lo alado, en ese tenue resplandor que exhalan las que se expresan con el susurro del espíritu. Con sus manos de seda élfica y sus cálices sutilmente evanescentes, se derraman sobre el hombre que, delicadamente, sepa amar lo inasible y comulgue con el universo de lo múltiple. Estas hetairas se perdonan en los otros, reconocen verdades diferentes, habitan con mendigos y con reyes, moran en las más delirantes utopías. Son libres, y sólo se revelan al alma que anhela las altas cumbres. Allí donde se escuche su llamado acudiráel aliento recreando lo intangible.

VENUS EN AGUA: Afroditas de Agua, sacerdotisas del misterio y la agonía. El océano es un abismo donde siempre hay una niña vulnerable. Invitada a ir nada más que hasta el fondo, ella desciende al cielo del infierno en busca de su Amado. ¿O sube hacia el infierno de un cielo impenetrable? De sus manos de seda, espumosas y cambiantes, surgen sirenas y tritones, perlas y hondonadas abisales. De sus cálices se beben naufragios adorables. «Ven», susurran sugerentes e insinuantes, y él descubre entonces el puerto de donde, alguna vez…hace tanto tiempo, había partido. Allí donde se escuche su llamado surgiráel misterio más insondable: la re–unión de lo que se había separado.

PARA EL CIERRE

La Belleza es la forma terrestre del Todo, despertando en ti el ritmo que te llevaráhasta él. La revelación puede venir de la visión de un árbol, de una nube, una flor. Pero, como los humanos, en general, se alimentan de pasión, es necesaria la intervención de otro ser humano, y es en la Mujer donde la Belleza se encarna, manifestándose en el tiempo y el espacio. Hombre, no le exijas a la mujer que te dé felicidad. Ella es la mensajera que te anuncia al Todo. Es, en la naturaleza, la más perfecta Forma del Todo manifestado. Ella es el dulce poder que anima en ti el Ritmo. Pero, al igual que tú, no es más que un ser humano. Cuando los seres humanos comprendamos que la Belleza proviene del propio corazón, sentiremos como éste late al unísono con el Todo. El Amor no es otra cosa que el Ritmo del Todo. Sólo cuando nos hayamos fundido en el Todo, sólo entonces, estaremos para siempre unidos al alma de la Bienamada, al alma del Bienamado, a las almas fraternas de nuestros semejantes, al Alma de la Naturaleza. El Amor dice que no tenemos derecho a rechazar a nadie, que todos son nuestros iguales. Vamos con ellos y tomemos sus manos, como se toma la mano de un compañero, recordando que el Todo, la Belleza y el Amor son inseparables, que nos rodean en todas partes: en este recinto sagrado siempre estaremos cuidados.

Inspirado en «Wu Wei» de Henri Borel

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