El sol, el camino de oro

Nos pareció interesante desarrollar brevemente el significado del sol, como una manera de colaborar en la difusión de la astrología, lenguaje sagrado que no tiene nada que ver con horóscopos ni con la pobre difusión (en cuanto a contenidos) que suele tener en los medios. Es notable como la sabiduría popular hace que cada persona responda a la pregunta:¿de qué signo sos?, con el signo por el cual transitaba el sol en el momento en que nació. Ser de Géminis, por ejemplo, sólo quiere decir que el sol estaba en ese signo cuando esa persona nació, y no nos dice nada acerca de la ubicación del resto de planetas. El lector puede comprender ahora porqué personas del mismo signo tienen características tan diferentes y por qué… los horóscopos no tienen ningún valor, ya que tan sólo se refieren al signo solar y no tienen en cuenta que una individualidad está reflejada por múltiples y complejos aspectos astrológicos.

Una carta natal es un entramado de símbolos y líneas que refleja la totalidad de nuestro sistema solar como hoy lo conocemos. Es también un mapa preciso de nuestra interioridad y responde fielmente al Principio hermético de correspondencia que dice: «Como es arriba es abajo, como es abajo es arriba». Significa que cada uno de nosotros (microcosmos) es un «momento del Cielo» (macrocosmos) y que reflejamos una situación particular y momentánea de dicho sistema. Podríamos decir que somos un pedacito de cielo y que nuestra misión es re–velar (quitar los velos) y exteriorizar, nada más ni nada menos, que lo que somos.

Naturalmente que el camino de autodescubrimiento está plagado de obstáculos (crisis), avances y retrocesos, a tal punto que ha sido llamado «el camino del héroe». Porque exige coraje, decisión y enfrentarse a mandatos, cuestionamientos y exigencias del entorno. El sol es el centro del sistema solar, la estrella, fuente de luz y de vida para los planetas que lo circundan. En astrología tiene el mismo significado: es el centro de nuestra conciencia, la expresión de nuestro Ser esencial, el Yo superior. Muchas personas viven identificadas con su ego o personalidad y desde allí se enfrentan al mundo en una batalla interminable por bienes y posesiones, reclamos y justificaciones La expresión de la propia solaridad significa haber concluído esta lucha hacia afuera para enfocarla hacia el interior, tratando de incorporar las propias zonas oscuras que proyectábamos hacia el entorno. Cuando comprendemos que somos los artífices de nuestro propio destino, la vida comienza a mostrarse más armoniosa y ordenada. Arquetípicamente el sol es el rey: soberano de su propio reino, noble, digno y generoso por estar en contacto con su propia fuente de energía vital. En el cuerpo, rige al corazón y el metal que lo representa es el oro, símbolo de poder, incorruptible, valioso y ansiosamente codiciado por los hombres. Los antiguos alquimistas fueron perseguidos, no por brujería, sino porque pretendían arrancarles los secretos que les permitían convertir la materia en oro. Pero el verdadero sentido de la Alquimia era la transformación interna del alquimista: convertirse en oro, ser una estrella inagotable al expresar la perfección Divina. Y aquí reside el verdadero poder… Hasta que no establecemos contacto con nuestro ser nuclear, el Sol, vivimos en un estado de adormidera, de ansiedad, de desequilibrio y de conflicto. Y, además, continuamos buscando (¡y encontrando!) constantemente a personas que nos indican cómo transitar por nuestro propio camino; somos dependientes del afuera, de su mirada y juicio sobre nosotros, de que nos acepten y quieran. No estamos autocentrados, sino que vivimos en nuestra periferia (la personalidad), empobrecidos y convertidos en un pálido reflejo de nuestra totalidad vital.

La búsqueda y expresión de nuestro propio centro unificador, generador y creador, significa la necesidad de conocer y re–conocer las partes más desagradables de nosotros mismos, para luego integrarlas amorosamente. Hacen falta enormes dosis de humildad, paciencia y perseverancia para enfrentar y desbaratar nuestros mecanismos de proyección, o sea buscar responsables afuera de lo que nos ocurre y/o depositar nuestros dones y talentos en las arcas de otro. El encuentro con nuestro sol significa convertirnos en reyes de nuestro reino interior; nos permite autosostenernos con dignidad y nobleza, que el hacer y el tener emanen del ser; y también expresarnos como individualidades básicamente distintas, respetando las diferencias que nos distinguen. Es el camino del héroe, del alquimista: convertir el plomo en oro.

La búsqueda del Yo significa luchar para cortar los lazos que nos mantienen esclavizados, para desprendernos de respuestas condicionadas, para salir del círculo repetitivo de la noria que nos mantiene empobrecidos. Y la áurea recompensa es… nosotros mismos. Los doce signos muestran doce facetas y doce cualidades diferentes de la solaridad, indicando la necesidad de reconocer y aceptar las diferencias, ya que cada uno de nosotros es tan sólo una parte, aunque valiosa y original, de la totalidad. Existe una bellísima alegoría anónima, en la cual se consideran a los signos como hijos de Dios, quien luego de crearlos los reunió y a cada uno le indicó una misión y le otorgó un talento. Quisiera compartir con ustedes una posible síntesis de dicha alegoría:

Aries: su misión es abrir caminos y su don es la valentía.
Tauro: es materializar y su don es la fortaleza.
Géminis: es dudar e investigar y su don es el conocimiento.
Cáncer: es el desarrollo de la sensibilidad y su don es la familia.
Leo: es formar el yo y su don es la autoestima.
Virgo: es examinarlo todo y su don es el discernimiento.
Libra: es incorporar lo diferente y su don es el equilibrio.
Escorpio: es abrazar la Sombra y su don es la templanza.
Sagitario: es hacer síntesis y su don es la abundancia.
Capricornio: es esencializar y su don es la madurez.
Acuario: es manifestar la Fraternidad Universal y su don es la libertad.
Piscis: es servir con compasión y su don es la redención.
Es imprescindible que cada uno de nosotros se reconozca como hijo amado del Uno para adquirir y mantener la confianza necesaria que nos ayude a recorrer nuestro camino con indeclinable decisión. Significa emprender la búsqueda de nuestra identidad, de nuestro centro, del oro de nuestros talentos y del Sabio que mora dentro de nuestro corazón.

Leonor Nietzschmann
Directora de Escuela de Astrología Zona Norte

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